Amigos de la Madre María Leonia

Queridos amigos de la Madre María Leonia,

Con esta última carta de la animación actual, concluimos dos años de reflexión sobre la vida de la Beata María Leonie, para que nos anime a vivir la voluntad de Dios como ella lo hizo, día a día y en relación con nuestra vida personal.

Sigamos rezándole para que podamos caminar con ella por la senda de la santidad, en lo cotidiano que la vida nos presenta, con mucho amor, ayuda mutua, compartir y perdonar.

En una cárcel de mujeres, el Papa Francisco les dijo en la Misa del pasado Jueves Santo: «El Señor nos espera siempre con los brazos abiertos».

Qué palabras tan profundas que ponen alegría en nuestros corazones. Y para que esta alegría esté presente especialmente en estos meses de verano, unámonos a la alabanza de San Francisco de Asís:
Alabado seas, Señor mío, en todas tus criaturas.
Y especialmente por nuestro hermano el sol, que nos da el día y a través del cual nos iluminas; él es bello y radiante.
Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana, la luna, y por las estrellas; en el cielo las formaste, claras, preciosas y hermosas.
Alabado seas, mi Señor, por nuestro hermano el viento, por el aire y las nubes, el cielo puro y todas las estaciones.
Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana el agua; es tan útil, tan preciosa y tan pura.
Alabado seas, mi Señor, por nuestro hermano el fuego, con el que iluminas la noche; es hermoso, alegre y fuerte.
Alabado seas, mi Señor, por nuestra madre tierra, que nos lleva y nos alimenta;
nos da sus plantas y sus frutos de colores.
Alabado seas, mi Señor, por todos los que perdonan por tu amor.
Alabad y bendecid a mi Señor, dadle gracias y servidle con gran sencillez.

Que la Beata María Leonie siga mostrándonos todas las bellezas de la creación y la acción constante de Dios en cada una de nuestras vidas.

Que paséis un buen verano y que Dios Padre os proteja siempre,

Rachel Lemieux, p.s.s.f.             Mayo 2024

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N.B. Todavía no tenemos detalles, ni la fecha de la canonización de la Madre Marie-Léonie Paradis.


 El carisma de Marie-Léonie Paradis


Queridos amigos de la Madre Marie-Léonie,

En este segundo año, termina la animación sobre la vida de la Madre Marie-Léonie para los meses de junio, julio y agosto de 2024. Estas páginas son para que reflexionemos, para que reforcemos los valores que nos parecieron tan convincentes en la Madre Marie-Léonie Paradis, y para que los vivamos más intensamente como «Amigos de la Madre Marie-Léonie».
Esta meditación se centrará en un escrito que resume el resplandor de la Beata Madre Marie-Léonie, escrito por el Abbé Gilles Mathieu, autor del libro Una Madre Toda Corazón.  Continúa tu historia personal...

Si hay una palabra que resume bien toda la vida espiritual de Madre Leonie, es bien la palabra : AMOR. Ella fue verdaderamente « Todo corazón », como lo dijo tan justamente Monseñor LaRocque. « Según nosotros, escribirá el Padre Angelo Mitri, postulador de su causa de beatificación, ella merecería el título de Santa de la Caridad. » ¡ Sí, Madre Leonie Amó !

Ella amó a Dios, primero, « con todo corazón », con toda su alma, con todas sus fuerzas y su espíritu » y este amor se expresó con :

Una fe inquebrantable en él;
Una entrega total de ella misma a través de la vida religiosa;
Una confianza absoluta, que le permitió ser fuerte y valerosa en las innumerables pruebas de su vida.

Ella amó también a su prójimo, de la misma manera que Jesús la había amado a ella. Después de haber contado la parábola del buen Samaritano (Lc 10, 29-37) la cual es una maravillosa ilustración de lo que él había venido a hacer en medio de nosotros, Jesús había agregado : « Ve y, tú también, haz lo mismo » (v. 37).

Madre Leonie tomó muy en serio esta palabra y toda su vida se esforzó en amar. Como Jesús, su Maestro, ella se acercó a sus hermanos y hermanas con humanidad; estuvo a la escucha de sus sufrimientos y necesidades; tomó las decisiones necesarias para socorrerlos concretamente y ayudarles. Su amor fraternal ha tomado entonces todos los colores de la caridad de la cual habla San Pablo en el capítulo 13 de su primera carta a los Corintios.

Es con un tal amor que ella amó a los pequeños, a los jóvenes, a los pobres, a los enfermos, a las comunidades religiosas que tenían necesidad, a los sacerdotes, a las almas angustiadas, a sus Hermanitas religiosas e incluso a todas esas otras criaturas del buen Dios que son los animales y las plantas.

Pero como este amor ella lo vivió día a día en las pequeñas cosas y muy a menudo en el anonimato, a la palabra AMOR hay también que agregar la palabra HUMILDAD, si queremos verdaderamente dar cuenta de su rostro espiritual.

Después de haber mirado a Madre Leonie desde « el exterior » en la primera parte de nuestro libro, vamos ahora a mirarla « desde el interior » y descubriremos así que ella fue una mujer « amorosa de Dios », una mujer « intensamente fraternal » y también un « abismo de humildad. »

Pero antes de ir más lejos notemos dos cosas.

La primera : Madre Leonie no era teóloga; además no era una teórica de la vida espiritual. ¡Ella era solamente una viviente de Dios! No encontraremos en ella sabias enseñanzas o teorías innovadoras en el aspecto teológico. Su fe era muy simple; era la de la Iglesia, ésa que le enseñaron en su casa, en la escuela y luego en el convento de las Marianitas.

La Segunda : Madre Leonie no fundó una nueva escuela espiritual. Ella le debe más bien a todas las espiritualidades que la formaron como religiosa de Sainte-Croix.

En su libro « Como un gran Arbol », Sor Grazielle Lalande consagra un capítulo muy importante a la formación espiritual que el Padre Basile Moreau quería dar a sus Religiosos y por ende a las Marianitas. Dado que Madre Leonie pasó casi toda su vida en esta gran familia religiosa, es importante detenernos para comprender sus raíces espirituales. Veamos ciertos extractos de este capítulo.

« Para trazar el camino por donde quería ver caminar a los suyos, escribe Sor Lalande, él no les ofrecerá una espiritualidad original; él tratará más humildemente de abrirles El Evangelio : Ciertas páginas en particular. Les propondrá vivir a diario su vocación, iluminados y dejándose llevar por la luz del Evangelio y les dará como medios, ésos que una larga tradición eclesial había desarrollado y experimentado » (p. 143-144).

Esta primera citación es elocuente. En la comunidad de Sainte-Croix : No hay « espiritualidad original », sino « el evangelio », « ciertas páginas en particular », y para traducirlo en la vida : medios « desarrollados y comprobados » por la tradición de la Iglesia. Miremos eso de más cerca.

Para el Padre Basile Moreau, el Evangelio es el centro de todo. Jesús es el Maestro. Lo importante « será, antes de todo, adherir « a la escuela de Jesucristo », escucharlo, dejar que él nos enseñe, entrar con él en la voluntad del Padre y en los caminos del Espíritu » (P. 145).

Entre las páginas del Evangelio que el Padre Moreau quería absolutamente introducir en el corazón de sus novicias estaban el Sermón de la Montaña y el Discurso de Jesús después de la Santa Cena. Él deseaba que sus jóvenes religiosos y religiosas fueran puestos en contacto directo con la persona de Jesús y adhirieran a su escuela, como lo habían hecho los apóstoles y los primeros discípulos.

Para el Padre Moreau, lo importante era que ellos conocieran a Jesús y pudieran amarlo más y más. En las Constituciones de las Marianitas en 1847, incluso está escrito que las religiosas deberán « memorizar » esos dos textos evangélicos de base. El Padre Moreau deseaba que esas palabras habitaran el corazón de sus Hermanas y fueran puntos de referencia en sus acciones y decisiones.

Eso no estaba reservado únicamente al período de noviciado. « Es aun a lo largo de toda su vida que la hermana de Sainte-Croix debe aplicarse a conocer, comprender, meditar y profundizar el Evangelio » (P. 147).

Después de haber aprendido a conocer a Jesús gracias a los Evangelios, los Religiosos y Religiosas de Sainte Croix estaban convidados por el Padre Moreau a realizar la experiencia. Escribirá : « Todo su noviciado […] su vida entera debe tener como objetivo el asimilar muy bien las ideas, la cordura, las palabras y las acciones de Jesucristo, que ustedes puedan decir con el gran Apóstol : Yo vivo, o mejor dicho no, yo no vivo más, es Cristo quien vive en mí! « … es preciso que se identifiquen con su divino Modelo […], convertirse en alguna manera en otro él mismo, siguiendo la petición que él le ha hecho a su Padre por los suyos : Que ellos se hagan uno sólo conmigo, como yo lo soy con usted, mi Padre, que ellos estén en mí como yo estoy en ellos» (P. 149).

Lo que el Padre Moreau propone a sus Religiosos y Religiosas es entonces realizar la experiencia de Dios a través de Jesús, « La vía hacia el Padre. » Se trata « de asimilar la vida y el mensaje de Jesús… a tal punto de ser transformado en otro Cristo… Es necesario hacer suyos los sentimientos que animaban a Jesús, llenarse el espíritu con sus ejemplos, penetrar, alimentar su corazón con su doctrina, meditar sus misterios en un ambiente de recogimiento y de silencio, pedir a Dios que ilumine nuestro espíritu y nuestro corazón a fin de poder comprender y gozar. » (P. 150).

Como medio privilegiado y « comprobado por la tradición » para llegar a hacer esta experiencia, el Padre Moreau va a proponer a sus Hijos e Hijas : Los Ejercicios de Saint Ignace. En las Constituciones de 1847, se puede leer : « La experiencia y la autoridad la más respetable habiendo demostrado que no hay medio más eficaz para formar la vida espiritual que los Ejercicios de Saint Ignace, haremos de tal manera que los novicios los hagan lo más pronto posible. » (p. 152).

El Padre Moreau escribirá incluso un libro intitulado : « Ejercicios de Saint Ignace para las Marianitas » con el fin de facilitar a las maestras de novicias la experiencia de esos Ejercicios. Las Marianitas harán pues los « Ejercicios de Saint Ignace » durante el año de noviciado, las cuatro semanas de los Ejercicios estando repartidas durante el año; y ellas los repetirán, justo antes de su Profesión perpetua, las cuatro semanas seguidas esta vez. Ellas orarán con el Método de Saint Ignace, muy cercano del Evangelio.

El objetivo del Padre Moreau al escoger a Saint Ignace es siempre el mismo : conducir a sus hijos e hijas a contemplar a Jesús en los Evangelios a fin de que toda su vida sea transformada en él.

Si él escoge el método ignáceo como base espiritual para su Familia religiosa, el Padre Moreau no pierde por eso su formación adquirida con los « Sulpiciens », la cual lo vincula más bien a la Escuela francesa de espiritualidad. Esto tendrá como consecuencia que sus Religiosos y Religiosas heredarán de una espiritualidad en la cual las dos escuelas, la de Ignace y la de Pierre de Berville serán estrechamente imbricadas y se completarán. Para Madre Leonie será así también.

Ella no inventará una nueva espiritualidad. Será « Jesuita » bajo ciertos aspectos : Cuando ella insistirá sobre la búsqueda de la gloria más grande de Dios, o incluso sobre « la santa indiferencia, es decir, la disponibilidad total en su santa voluntad; o cuando ella insistirá sobre el examen particular, para poder constantemente « alinearse » sobre Jesús etc.; pero será también tributaria de la Escuela francesa de espiritualidad cuando se consagrara con  todo su corazón a Jesús, a sus misterios, a la eucaristía, al sacerdocio y a la Virgen María.

Esas observaciones habiendo sido hechas, vamos a visitar el país de su corazón. 

Fue mujer de fe

Cuando visitamos el corazón de Madre Leonie lo que nos salta primero a la vista es que ella fue una mujer de fe.

Dios tomó la iniciativa de intervenir en su existencia; él le envió señales; le hizo sentir su amor; la llamó a su servicio. Madre Leonie respondió al llamado; y su respuesta fue una de confianza y de amor.

Ella creyó en Dios no solamente de manera intelectual, « con su cabeza » adhiriendo a todas las verdades de la fe cristiana que le fueron enseñadas. Ella creyó con todo su corazón, con todo su amor!

Aquellos que tuvieron la suerte de encontrarla hicieron la experiencia y testificaron. « El espíritu de fe era su fuerza » dirá Sor Alice Mathieu.

Mujer de fe, Madre Leonie vivía profundamente en la presencia de Dios. A tal punto que se « sentía Dios » en ella. « Era imposible haberla visto apenas dirá el Padre Lejeune, sin haber presentido la belleza de su alma recogida en Dios, sin cese unida a él, y presente en el interior de ella misma.

La fe de Madre Leonie coloreaba toda su existencia : Sus trabajos, sus cartas, sus consejos, sus conversaciones, sus obras… pero ésta era particularmente perceptible en su serenidad exterior y en la intensidad de su vida de oración.

Su oración no era complicada : ésta se inspiraba abundantemente en lo que concierne a los modos de expresión, de la herencia espiritual de la Congregación de Sainte-Croix así como de las devociones populares de su tiempo.

Si su oración era simple, no dejaba por eso de ser rica y profunda. Madre Leonie rezaba con mucho fervor y mucha perseverancia. Aquellos que tuvieron el privilegio de verla rezando en la capilla, de rodillas, las manos juntas y llena de fervor se quedaron profundamente conmovidos y maravillados. Se decía que se asemejaba más a un ángel que a una persona humana, tanto ella « parecía no ser terrestre. »

« Su fervor me impresionaba, dirá Sor Ursule Dube, y yo me decía : « Si yo tuviera un pequeño destello de su fe, como yo sería feliz y buena religiosa. » « Su actitud en la capilla afirmará Sor Isabelle Perigny me inspiraba la admiración; era encantador verla rezar. Su recogimiento profundo, su recato respectuoso, todo me hacía creer que ella debía estar constantemente en presencia de Dios » […] « Yo vi a la Servidora de Dios rezar durante largas horas en la capilla, testificará por su parte, Sor Anna Arsenault; ¡cuánto yo fui edificada en ese momento! Hoy, 57 años después, yo la veo todavía, me parece, como perdida en Dios. »  Ella agregará : « Me gustaba verla rezar en la capilla; se hubiera podido decir que ella veía verdaderamente a Nuestro Señor. »

El fervor de Madre Leonie engendraba incluso el fervor de sus hijas. Sor Eveline Cormier dará el testimonio siguiente : « íbamos a la capilla, algunas veces, para tener la satisfacción de verla rezar. »

Su fe era tan profunda, dirá, por su lado Sor Anne-Marie Coutu, « que no podía dudar que Dios pudiera permanecer sordo a su oración. » Cuando ella decía « Es necesario obtener tal favor » Todas sus Hermanas estaban seguras « que la cosa sucedería » […] « Nuestra Madre podía pedirle todo al buen Dios afirmará Sor Zelica Leger porque estaba segura de obtenerlo. ¿No era su confianza inquebrantable que le permitía abrir misiones a pesar del pequeño número de sujetos disponibles? En esas circunstancias la escuchábamos decir « Dios proveerá », eran casi pequeños milagros.

Si la oración de Madre Leonie era confiada, ferviente, profunda, ésta era igualmente contínua y perseverante. Ella vivía el « orar sin cesar » de Jesús. « Ella fue una mujer de súplica y de oración que rezaba constantemente dirá Sor Marie-Anne Coutu; en los pasillos la mirábamos siempre con su rosario en la mano. » Aun en la noche, « se levantaba sin que sus Hermanas lo notaran para ir a rezar casi una hora a la capilla », afirmará Sor Marie-Ondine Choquette.

Como ella vivía continuamente con la presencia de Dios, « lo veía dondequiera » dirá por su lado Sor Josephine Maillet. Ella agrega : « Un día que ella se iba a adorar al Santo Sacramento, comenzó a recitar en el pasillo las súplicas del manual. Le hicimos remarcar que no estábamos todavía ante el Santo Sacramento. Madre Leonie respondió simplemente :

« Queridas pequeñas hijas, Dios está en todas partes; yo lo encuentro tanto en los corredores como en la capilla. Hay que habituarse a verlo dondequiera y a hablarle para que nuestra oración y nuestro trabajo sean hechos en su presencia. »

« Su ardor y su constancia en la oración continúa nuestra testigo desalentaban incluso a sus Hermanas en ciertos momentos. He aquí un ejemplo que lo demuestra claramente :  Un día que nos preparábamos para ir a nuestra hacienda situada a 3 millas de distancia de la ciudad y que nuestra buena Hermana Sainte Justine nos acompañaba, ella vio que nuestra Madre se alistaba a partir con nosotras… « Ah!  Dijo ella ¿ Nuestra Madre viene ? … Preparémonos a rezar. Vamos a decir unos Salve Regina… Luego unos Souvenez-vous a Saint-Joseph… Luego unos Ave María… Luego más y más… oraciones para esto y para eso… Por la salvación de las almas del purgatorio… Todo ese gentío va a encontrarse en el cielo esta noche… El purgatorio estará vacío… » Nuestra Madre escuchaba y sonreía y con su bondad acostumbraba dijo simplement : « Eso es, vamos a hacer rezar a Sor X, la primera decena del rosario será recitada por su conversión. »

En fin, la última característica de la oración de Madre Leonie : Era una oración completamente « filial », llena de confianza, de abandono y de amor por su Señor. Es con un corazón de niñita que ella le hablaba a Dios, su Padre; y hacía lo mismo rogándole a María; o incluso a sus amigos en el Cielo : José, Ana y los otros.

¡Mujer de fe, Madre Leonie fue mujer de amor! Porque ella estaba segura de su Señor, de su presencia y de su ternura, ella pudo amarlo con todo su corazón.

Dios siempre ocupó el primer lugar en su vida. Es primero por él que ella quiso vivir. Es a su servicio que quiso estar. Es en los brazos de la Providencia que se abandonó. Como testimoniará Sor Jeanne Boivin : « Madre Leonie no tuvo verdaderamente que un gran amor : Ése de Dios. » Ella decía : « Todo para Dios, nada para nosotras. » El Padre Elie Auclair agrega : « Y eso ella lo enseñaba o lo predicaba con el ejemplo de su vida más aún que con sus piadosas exhortaciones. »

Amando a Dios con todo su corazón y por encima de todo, Madre Leonie tenía horror del pecado. « Ofender a Dios era para ella una vergüenza. » Ella evitó entonces todo lo que podía ir contra ese amor. Escribe al Padre Sorin : « Que los tormentos de Jesús permanezcan tan profundamente grabados en mi corazón, que nunca jamás yo cometa un solo pecado con intención deliberada. » Ella se esforzaba por la pureza de la conciencia. A este respecto, Sor Rose Grenier testificará, ella se confesaba regularmente a fin de ser purificada de todo lo que hubiera podido desagradar a Dios. Se ha esforzado incluso, dicen los testigos de su vida, en evitar las imperfecciones voluntarias. « No pudimos encontrar en ella imperfecciones de ese tipo dirá Sor Ursule Dube […]. Ella tenía un corazón muy sensible, pero por Dios amaba a todo el mundo. »

Amorosa de Dios, ella no buscó otra cosa que Su Gloria. El 1º de septiembre de 1909 decía sus Hermanas : « Hagamos bien todas las cosas para agradar a Dios, siempre con la más pura intención. »

Amorosa de Dios, ella se esforzó igualmente por hacer en todo su voluntad, hasta en las cosas más pequeñas y aun cuando eso podía algunas veces contrariar su naturaleza. Agradar a Dios fue verdaderamente el objetivo de su existencia. « Toda su vida, testimoniará Sor Marie-Anne Coutu, ella buscó a agradar a Dios […]. Habiéndola visto actuar, yo lo atesto […]. Con la oración y la confianza, ella llegó a hacer en todo la voluntad de Dios. » Sor Emilia Fortier precisa : « Ella no se contentaba con esperar la voluntad de Dios realizada; ella estaba convencida de que su deber era colaborar a esa búsqueda de la voluntad divina. » Ella lo logró tan bien que pudo decir : « Sí, mi Dios, Su santa voluntad en todo y en todas partes. »

Cuantos ejemplos podrían ilustrar su sed de hacer « completamente y en todas partes » la voluntad de Dios; señalemos los siguientes :

Joven religiosa, en casa de las Marianitas de Saint-Laurent, ella tenía « un corazón noble y generoso, un alma enérgica capaz de todo por realizar la santa voluntad de Dios. » Es Sor Marie-de-Saint-Jean-Baptiste, su « Angel de la guarda » en el noviciado quien testimonió cuando el 50º aniversario de vida religiosa de Madre Leonie :

Cuando las Hermanas de Sainte Croix estimaron, en 1889, que había llegado el momento para que Madre Leonie dejara a las Hermanitas y regresara a Indiana, ella escribió a sus Hermanitas y les dijo : « Recen mucho, estén en paz con el Señor sometiéndose bajo su Santa voluntad en todas las cosas. Ese buen Padre sabe mejor que nosotras lo que necesitamos » (carta del 18 de julio de 1889).

El 28 de agosto de 1895, mientras ella está retenida en Memramcook por enfermedad, le escribe a la Superiora de Sherbrooke : « Estoy, decidida a dejar que Dios disponga tranquilamente… ¿Por qué atormentarse inútilmente ? … Es Dios quien conduce todas las cosas y sabe mejor que nosotras lo que nos conviene. »

En 1895 una vez más, después del traslado del Noviciado y de la Residencia Principal a Sherbrooke, le escribió a sus Hermanas de Memramcook quienes lamentaban ese traslado y se preguntaban si Madre Leonie no se había equivocado : « Más yo rezo, más yo reflexiono, más yo me siento inclinada a creer que estoy aquí por la voluntad de Dios. » (carta del 11 de octubre de 1895)

En 1898, Cuando una parte del Seminario de Sherbrooke acaba de incendiarse y que las Hermanas estan submergidas de trabajo suplementario, ella escribe : « ¡ El año 1898 será bueno, el comienza con fuertes pruebas. Dios lo quiere! Hay que estar contentas y decir : ¡ Si mi Dios! Lo que usted quiera y como usted lo quiera. »

En fin, en 1905, cuando el Papa Pio X la desligará de todas sus obligaciones hacia las Hermanas de Sainte-Croix, ella escribirá : « Es un gran alivio para mí… Voy a sacarle provecho a esta dulce quietud … ¡ Oh! ¡cómo voy a amar a Dios! Ahora no más inquietudes, no más tormentos, estoy ahí en donde me quiere su amor. » (carta del 22 de mayo de 1905)

« No más inquietudes, no más tormentos, estoy ahí en donde me quiere su amor. » Esta frase resume ella sola muy bien su itinerario espiritual, ya que, toda su vida, Madre Leonie fue habitada por ese « tormento » : ¡Hacer en todo la Voluntad de Dios sobre ella!  El Señor le dará esta gracia. Ella escribirá : « el Señor me dio el regalo » de una entera sumisión a su santa Voluntad. » « Ella se abandonará entonces totalmente entre sus manos.

Amorosa de Dios, en fin, Madre Leonie tuvo el cuidado de estar siempre unida a él. El 13 de noviembre de 1901, ella se expresa humildemente así : « Mi dulce Jesús, usted lo sabe, mi pena más grande es no amarlo durante todos los instantes del día y de la noche, usted tan bueno conmigo y tan compasivo. »

Lo que ella vivió en fe y amor con respecto a Dios, ella convidó a los otros a vivirlo.

Ella nos decía a menudo, testificará, Sor Josephine Maillet : « Permanezcamos en lo posible en la presencia de Dios […]. El alma que no pierde jamás la presencia de Dios ha encontrado un tesoro que nadie puede quitarle. »

Con fe y compasión ella escribe a una Hermana cuya madre estaba gravemente enferma : « Si entra en los planes de Dios conservarla un tiempo en la ternura de la familia, que su Santo nombre sea bendecido, pero al mismo tiempo que decimos, Fiat, si Dios desea quitársela que su Santo nombre sea bendecido. »

A otra, a quien le propone una nueva obediencia, ella dice : « Yo quisiera mi querida hermanita que en todas las posiciones en las cuales Dios la pondrá, usted esté siempre dispuesta a decir : Mi Dios yo quiero lo que usted quiere. Es esa la perfección hacia la cual debe dirigirse toda alma religiosa, y el verdadero camino de la felicidad en este bajo mundo. »

A una tercera Hermana, finalmente, ella escribe expresando su abandono : « Recibí el viernes un telegrama de Memramcook anunciándome que Sor Sainte-Sophie estaba en peligro de muerte […]. Eso sera una gran pérdida para la Comunidad […]. Pero también aquí no tenemos más que inclinar nuestra cabeza y decir al buen Jesús : En ti confiamos. »

Viviendo siempre así, con la presencia y el amor de Dios, Madre Leonie impresionó grandemente a los que la rodeaban. Todos los que se le acercaron fueron edificados, se sintieron ellos mismos más santificados y más cerca de Dios.

Sor Josephine Maillet dirá : « Su mirada era tan buena, tan dulce que se desprendía una especie de reflejo de su unión con Dios. Solamente el verla nos inspiraba el respeto y la piedad. » Su fe « sin límites » dirá el Padre Goyette, capaz de « mover las montañas » añaderá el Padre Francoeur, dejaba ver « un alma donde la vida espiritual era intensa y la cual impresionaba a los demás al comunicarse […]

« Yo sé que un santo obispo dijo : « Cada vez que yo miraba a Madre Marie-Leonie me sentía impregnado de su espíritu de fe. No tarda uno a conocer una bella alma como esa. » ¡ Sí, Madre Leonie fue una mujer de fe muy profunda! Una fe que se transformó en amor. Todos los testigos lo afirman.

¿Pero cuál era el contenido de su fe ¿En quién y en qué creía ella?

Es sobre esas preguntas que vamos a detenernos ahora.

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