Amigos de la Madre María Leonia

Queridos amigos de la Madre María Leonia,

Sigamos inspirándonos en la vida de la Madre Marie-Léonie. Esta meditación trata de la muerte de la Madre Marie-Léonie y de su resplandor. Continúa también tu historia personal...

El año 2024 ya está en nuestra vida cotidiana y nos preocupan las mismas intenciones que en años anteriores: la paz en el mundo, acoger y respetar las diferencias, compartir con los más desfavorecidos, la justicia y salvaguardar la reputación de los demás. Puesto que la razón de ser de nuestro grupo de oración es rezar por los sacerdotes, redoblemos nuestros esfuerzos para apoyarles en su ministerio. Participemos según nuestros talentos en las reuniones parroquiales para que cada comunidad cristiana sea un lugar donde se vivan todos los valores mencionados.

He encontrado esta reflexión en Internet que me gustaría compartir con vosotros:

El RESPETO es mucho más que una palabra. El respeto no se puede pronunciar, hay que demostrarlo. El respeto es sinceridad, coherencia y lealtad. Es mirar a los demás como te mirarías a ti mismo, de la misma manera. Si has sufrido y sabes lo que eso significa, no hagas sufrir a los demás. Si te han decepcionado, no decepciones. Si te han hecho daño, no hagas daño...

Es una buena idea reflexionar sobre esto durante la Cuaresma, para que podamos poner en práctica en cada una de nuestras vidas esos valores que aumentarán nuestra autoestima, cambiarán nuestra forma de mirar a los demás y nos harán como Cristo Jesús vivió y enseñó.En el tiempo santo de la Cuaresma, seamos solidarios con Cristo en su ascensión hacia la Pascua.Que la resurrección de Cristo sea una luz en nuestras vidas para darnos fuerza, valor, paciencia y abnegación en nuestros problemas de salud física o moral.

Que Cristo resucitado sea nuestra alegría, nuestra razón de vivir juntos.

Rachel Lemieux, p.s.s.f.              Febrero 2024


 El carisma de Marie-Léonie Paradis


Queridos amigos de la Madre Marie-Léonie,

El segundo año de vida de Madre Marie-Léonie tendrá lugar en marzo, abril y mayo de 2024. Estas páginas son para que reflexionéis y reforcéis los valores que os han atraído a la Madre Marie-Léonie Paradis para vivir más intensamente como "Amigos de la Madre Marie-Léonie".
Esta meditación continúa sobre la muerte de Madre Marie-Léonie y su influencia. Continúa tu historia personal...

Eran las seis y cuarto de la tarde, luego de una jornada como tantas otras, cuando sin aviso previo y sin estancia en la enfermería, Madre Marie-Leonie dejó súbitamente este mundo.

Su muerte tomó a la gente por sorpresa…  Ya que ella no estaba enferma, o por lo menos no más enferma que de costumbre.

Esa mañana, ella se había levantado como de costumbre, participado a la eucaristía y tomado el desayuno con toda la comunidad.  A las nueve ella había presidido una reunión de su Consejo General y puesto su firma en dos nuevas fundaciones, las del Arzobispado y del Seminario de Saint-Boniface.  Con su secretaria, había procedido luego a la corrección difinitiva del libro de Reglas de la comunidad.

Por cierto, a la hora del almuerzo, había parecido un poco más fatigada que de costumbre.  Sus compañeras le habían entonces sugerido reposarse un poco y ella lo había hecho.

Después de haber finalizado la corrección del libro de Reglas, como a las tres de la tarde, ella ordenó que éste fuera remitido a la religiosa encargada de la imprenta, porque quería absolutamente dar un ejemplar a cada una de sus Hermanas en el próximo retiro anual.  Luego, como era el primer viernes del mes y que el Santo Sacramento estaba expuesto, ella fue a la capilla para estar a solas con su Señor, como era su costumbre desde hacía mucho tiempo.

Después de un buen momento de adoración ella fue a la enfermería para visitar a las hermanas enfermas, como lo hacía cada día.  Una de ellas dejó este testimonio :  « Poco antes de la muerte de nuestra venerada Madre Fundadora, me habían enyesado ya que sufría de dislocación de la columna vertebral.  Yo estaba entonces encamada y ocupaba un cuarto de la enfermería.  Casi al final de la tarde del 3 de mayo, nuestra querida Madre Leonie visitó a las enfermas.  Vino a verme, preguntó si yo sufría mucho, luego acercándose a mí, tomó mi cabeza entre sus manos y me dijo :  « Sea siempre, siempre buena! »  Retrocedió algunos pasos y se despidió en esos términos al salir del cuarto :  «¡ Nos veremos en el cielo! »   Yo pienso que ella presentía su muerte. »

Luego ella fue a cenar con sus Hermanas.  Después de la comida, subió a su cuarto con sus dos secretarias.  Fue entonces que estas últimas descubrieron un cansancio inhabitual en ella.

Escuchemos al Padre Angelo Mitri, quien postuló su causa de beatificación, relatarnos los hechos :  « Una de entre ellas le dijo entonces :  « Mi Madre, usted parece fatigada, no tenía que haber bajado al refectorio…  Mañana en la mañana, mi Madre, usted no bajará, las escaleras son demasiadas fatigantes para usted; nosotras desayunaremos con usted, en su cuarto, ¿Verdad?. »

« Ella respondió a esa sugestión con un pequeño gesto de burla y entró a su cuarto.  « Me acostaré en seguida, dijo ella, yo me duermo »  Las dos Hermanas le ayudaron entonces a instalarse para que ella pudiera reposarse hasta la hora de la bendición del Santo Sacramento.  Pero desde que ella se acostó las dos Hermanas la vieron palidecer.  Se dieron prisa en prevenir a la asistente y a la enfermera que se encontraban muy cerca; el médico fue llamado rápidamente, sin embargo él no pudo más que decir :  « Rápido, rápido, un sacerdote, hagan que reciba los últimos sacramentos, ella se muere. »  El Capellán fue pronto solicitado, le dio la absolución y mientras le daba las unciones la Servidora de Dios exhaló su último suspiro.

« Ella tenía 72 años de edad y 55 de profesión religiosa.  Era el 3 de mayo de 1912. »

Sor Leontine Bechard testimonia :  « Un poco antes de morir, ella había escrito el acta de resignación a la muerte como ofrenda de suprema adoración; el acta en cuestión fue encontrada sobre su pecho cuando murió. »  He aquí lo que se puede leer en el acta :

« Morir, es la última cosa que yo podré ofrecerle, mi Dios. »

« Tal vez no tendré yo el conocimiento o la plena posesión de mí misma en el momento en que yo desearía expresarle eso que quizás entonces yo no podré decirle.  Yo le escribo, Oh mi Dios, a fin de que usted me tome en cuenta en ese momento, aceptando todos los sentimientos que yo enuncio aquí como si yo los formulara en mi hora suprema.

« Yo deseo que mi muerte sea el acto de la más perfecta adoración y de la más humilde sumisión que una pobre criatura pueda rendir a su Creador.  Sí, mi Dios, que mi muerte le sirva de adoración y que la aceptación voluntaria, libre y llena de amor que yo hago de ella le agrade.

« Quiero morir para obedecerle y por que usted murió por mí… »

Realmente, es « toda la vida de la Servidora de Dios, continúa Sor Bechard, que fue una preparación a la muerte.  Ella escribía a una de sus Hermanas, el 4 de abril de 1906 :  « La vida es tan corta que seremos felices, a la hora de nuestra muerte, de llegar al Cielo con las manos llenas de virtudes. »

En el transcurso del año 1911, ella repitió muy a menudo en sus cartas :  « Sean todas buenas religiosas, para que si la muerte llega a sorprenderlas, ella las encuentre listas a morir. »

Durante el mismo año, un día que se encontraban reunidas todas para una lectura espiritual, ella dijo también a sus Hermanas :  « Recen para que permanezca todavía mucho tiempo con ustedes.  Yo estoy muy contenta, porque por mi lado, mis queridas pequeñas hijas, yo no deseo dejarlas, ya que las amo tanto; pero vean ustedes yo me entregué enteramente a la Santa Virgen y ella es libre de venir a buscarme cuando el buen Dios lo querrá. »

Ella había aun agregado un día :  « El buen Dios les hará una mala pasada »,  queriendo decir con ello que podría morir muy rápidamente.  Y fue eso lo que sucedió…

Cuando visitó Ottawa por la última vez, se despidió incluso de su cuarto « Querido pequeño cuarto, adios, no te veré nunca más. »  Lista para partir, es con tranquilidad y paz que ella murió.

Si su muerte sorprendió a todo el mundo, ésta fue también la ocasión para una gran manifestación de cariño hacia ella.  El Padre Arsene Goyette relata :  « La noche del fallecimiento, los restos mortales fueron expuestos en capilla ardiente en la sala del Capítulo.  Durante toda la noche y los días que siguieron, las Hermanas desfilaron una tras otra ante los restos venerados rezando y llorando. »

Y no sólo fueron sus Hermanitas quienes la lloraron!  El Padre Goyette agrega :  « Sin embargo la triste noticia se propagó rápidamente al exterior, y de todos lados venian para rezar por la Madre tan conocida y amada.  Persuadidas de la alta perfección de Madre Leonie, las gentes la tocaban con objetos de piedad :  rosarios, medallas, etc, que ellas se llevaban en calidad de preciosos recuerdos.  Varios le besaban las manos, y nos dimos cuenta al poner a nuestra querida difunta en su ataúd, que más de un visitante se había llevado como reliquia, algunos pedazos de su hábito religioso. »

Luego fueron los funerales.  Una muchedumbre inmensa se hizo presente; pequeños, humildes… pero también los grandes de este mundo.

Escuchemos una vez más al Padre Goyette relatarnos el acontecimiento :  « El 6 de mayo, una primera celebración fúnebre fue oficiada en la capilla de la Casa Central por S. G. Monseñor Paul LaRocque […]  Esa celebración fúnebre era el adios de la Fundadora a su convento, pero la ceremonia religiosa más grandiosa se realizó al día siguiente en la antigua Catedral de Sherbrooke. ¡ Fue una verdadera apoteosis!

« Ese séptimo día del mes de María, desde el Angelus matutino hasta la hora de las exequias, las campanas de la catedral y del convento tañieron tristemente para anunciar la muerte de la augusta difunta. »

Levantaron el cuerpo en la cámara mortuaria, y un inmenso cortejo acompañó los restos de Madre Leonie hasta la Catedral :  estaban presentes cien Hermanitas, dos Hermanas de Sainte-Croix de Saint-Laurent, unas representantes de las Hermanas de la Caridad (Hermanas Grises), Hermanas de la Congregación de Notre-Dame, Hermanas Adoratrices du Precieux-Sang y Hermanas de la Charité du Sacre-Cœur…

La Misa fúnebre fue celebrada por S. G. Monseñor Paul LaRocque, y en el santuario se notaba la presencia de varios obispos, y varios sacerdotes, llegados para honorar a aquella que trabajó tanto por los curas y las comunidades.

« Después de la ceremonia, continúa el Padre Goyette, tuvo lugar el desfile impresionante de la multitud de asistentes.  Luego la carroza fúnebre, seguida de la infinidad de amigos de la Comunidad, se dirigió hacia el cementerio Saint-Michel donde los restos mortales de la querida Madre fueron depositados en el recinto reservado a las Hermanitas de la Sagrada Familia. »

Pero como Madre Leonie gozaba ya de una reputación de santidad y que todos esperaban (sin dudas) un día su glorificación solemne, Monseñor LaRocque quiso que su sepultura fuera un poco especial :  La inhumaron « en una tumba de acero, debidamente sellada, a fin de que se pudieran encontrar facilmente los restos mortales », dijo Sor Leontine Bechard. ¡ Todo fue rodeado con un muro de ladrillos!

Dirigiéndose a la Comunidad de Madre Leonie, el mismo día de los funerales, Monseñor LaRocque tendrá el discurso siguiente, fielmente conservado :  « Podemos decir que la abnegación de Madre Leonie duró lo mismo que su vida.  Ella pasó toda su existencia a entregarse.  Yo fui el testigo casi cotidiano durante diecisiete años.  Y miren :  Apenas se reservó para ella misma el último cuarto de hora… »

Por su lado, uno de los obispos presentes en los funerales, Monseñor Joseph-Medard Emard, entonces obispo de Valleyfield (él murió en 1927 como arzobispo de Ottawa), dio el testimonio siguiente :  « Vi esta mañana el cortejo fúnebre acompañando los restos mortales los cuales eran ciertamente esos de una gran Santa. ¡ Qué triunfo!  Nunca habíamos visto demostración tan grande en la ciudad de Sherbrooke.  Yo me voy de regreso mucho mejor después de haber asistido a semejante exaltación de humildad.  La oportunidad se nos da a menudo, como obispos, de tomar parte a diversas ceremonias…  Ahora bien, ésa de esta mañana dejó en mi corazón una impresión, un recuerdo que no se borrarán jamás, jamás, de mi memoria…  Yo no la vi más que dos o tres veces cuando vivía, pero eso me bastó…   Madre Leonie se fue; ella no está muerta, ya que los Santos no mueren… »

¡No, los Santos no mueren!

Yéndose de este mundo, dejó tras ella una obra considerable. ¡Si al llegar a Sherbrooke en 1895, ellas no eran más que 91 Hermanitas de la Sagrada Familia, en 1912, el año de su muerte, ellas serán 635 obrando en 40 residencias del Clero!

En 1935, a causa de las nuevas necesidades, las Hermanitas de la Sagrada Familia decidieron abrir un nuevo cementerio para la Comunidad, cerca de la actual Casa Central.  Se aprovechó entonces para exhumar del cementerio Saint-Michel de Sherbrooke y transportar al nuevo cementerio, los cuerpos de 172 religiosas que habían sido enterradas ahí desde 1895.

El traslado de los cuerpos comenzó el primero de octubre de 1935.

Entre los cuerpos estaba ése de Madre Leonie fallecida 23 años atrás.

Su exhumación tuvo lugar el 4 de octubre, a las 3 de la tarde, en presencia de cuatro sacerdotes especialmente nombrados por el Obispo de Sherbrooke, Monseñor A. O. Gagnon, de dos doctores, del Consejo General de la Comunidad así que de varias Hermanas de edad avanzada.

Cuando se abrió el ataúd, se encontró su osamenta completamente conservada, una parte de su traje religioso, cabellos, su crucifijo, su rosario, y la placa de plomo depositada en la tumba durante su inhumación y la cual mostraba bien que se trataba del cuerpo de Madre Leonie.

¡Pero se encontró también su corazón!  Ese corazón que amó tanto a Dios y al prójimo estaba ahí conservado, 23 años más tarde, « Casi sin corrupción »  como lo dirá el certificado oficial de su exhumación.

El ataúd fue cerrado de nuevo y llevado a la Casa Central, donde fue primero depositado en el osario del nuevo cementerio.

Algunos días después, del 5 al 12 de octubre, se procedió a la desinfección de su osamenta y a su embalsamiento según el método egipcio.  Se hizo en el cráneo un moldeado de yeso, que se recubrió de cera.  El cuerpo de Madre Leonie fue revestido con un nuevo traje religioso y depositado en un nuevo ataúd doble, de acero, el primero cerrado con un vidrio que cubría todo lo largo, y el segundo cerrando herméticamente por encima del otro.

En lo que respecta al corazón de Madre Leonie, se le depositó en un bocal de vidrio sellado.  Se puso igualmente aparte :  una falange de su mano derecha, sus cabellos y los 69 cálculos encontrados en su vesícula biliar.

El 13 de octubre 1935 se trasladó el cuerpo hacia la Casa Central. ¡ Madre Leonie estaba de nuevo en medio de sus Hermanas!  Se abrió el ataúd :  Las Hermanitas pudieron ver el cuerpo embalsamado de su Madre.

En la crónica comunitaria de esta época se puede leer :  « Domingo 20 de octubre.  En la tumba de Madre Marie-Leonie.  Desde que poseemos en medio de nosotras los preciosos restos de nuestra Venerada Madre Fundadora, contábamos cada día un promedio de doscientas personas que venían a visitar su tumba.

« Pero hoy, de las 2 a las 6 de la tarde, como es el tiempo fijado para permitirle a la muchedumbre venir a contemplar nuestro « rico tesoro », es por millares que las gentes acuden; la multitud se hace tan compacta que es necesario llamar a los policías para mantener el orden.  Se estimó que quinze mil personas habían acudido esa tarde al Monte Sagrada Familia. »

El cuerpo reconstituido de Madre Leonie fue así visible desde octubre de 1935 hasta finales de enero de 1941.  Monseñor Philippe Desranleau pidió entonces que se cerrara la tapadera exterior del ataúd « a fin de que no puedan reprocharnos más tarde el haber hecho una exposición prematura de esos restos mortales. »

El 30 de abril de 1972, con motivo del 60º aniversario de la muerte de Madre Leonie, Monseñor J.-M. Fortier, Arzobispo de Sherbrooke, permitió que el sepulcro fuera abierto de nuevo y lo permaneció durante un mes.

¡No, los Santos no mueren!  Más que nunca, Madre Leonie está viva y potente para nosotros, porque ella comparte la Bienaventuranza de Dios.  Y la Iglesia la ha oficialmente reconocido.

  • El 13 de junio de 1966, la causa de su beatificación fue introducida en Roma.
  • El 31 de enero de 1983, fue declarada « Venerable »
  • El 11 de septiembre de 1984, finalmente, el Papa Juan-Pablo II la proclamaba « Bienaventurada », durante su visita a Montreal.

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