Amigos de la Madre María Leonia

Marz0 de 2020


Danos hoy nuestro pan de cada día...

1 Tim 6:17: Recomienda a los ricos de este siglo que no se enorgullezcan, ni pongan su esperanza en riquezas inciertas, sino que la pongan en Dios que nos da abundantemente todas las cosas para disfrutar.

Mt 6:31-33: No os turbéis diciendo..: ¿Qué vamos a comer? ¿Qué vamos a beber? ¿Qué vamos a vestir? Estas son todas las cosas que los gentiles buscan. Ahora tu Padre celestial sabe que necesitas todas estas cosas.

Jn 2:1-5: Al tercer día hubo una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús también fue invitado a la boda, junto con sus discípulos. Pero no había más vino, porque el vino de la boda se había agotado. La madre de Jesús le dijo: "No tienen vino". Jesús le dijo: "¿Qué quieres de mí, mujer? Mi hora aún no ha llegado. "Su madre le dijo a los sirvientes, "hagan lo que él, les diga. »

Lc 12:22-24: "Jesús dijo a sus discípulos: No se atormente por su vida con cuestiones de alimento, ni con su cuerpo como lo van a vestir. Miren  que la vida es más que el alimento y el cuerpo más que el vestido. Aprendan de los cuervos: no siembran ni cosechan, no tienen bodegas ni graneros y, sin embargo, Dios las alimenta. Y ustedes valen mucho más que las aves! »

Una madre con corazón: página 126

A la Madre Leonia no se preocupaba del mañana, dijo otro testigo. Dios era suficiente para ella y era su todo.

Dejó que la Providencia dispusiera de todo en su vida y en su comunidad. Este abandono era total, filial, amoroso.

Lo que vivió por el abandono y la esperanza, Madre Maria-Léonia exhortó a sus hermanas a vivirlo también. Les decía: "Mis queridas hijas, pidan siempre con gran confianza. Tened una gran devoción a la Providencia, ni un pelo de vuestra cabeza caerá sin el permiso de Dios. "Póngase en los brazos de la Buena Providencia que dirige todo con amor. Las alegrías, las cruces, las dificultades, todo pasa aquí en la tierra. Sólo Dios nos queda y sólo Dios nos basta. »

Reflexión

Estamos convencidos de que nuestro Padre celestial cuida de nuestras necesidades materiales y espirituales. Las actitudes de solidaridad, la atención a los necesitados y el compartir permiten que la Providencia de Dios llegue a los menos afortunados.

Llevar la Providencia de Dios a los demás tanto a través de nuestra calidad de ser, como de compartir los bienes nos da una satisfacción personal que nadie nos puede quitar.

Una práctica diaria: Doy la bienvenida a la Providencia de Dios en cada evento y encuentro. Pongo mi corazón, manos y pies a disposición de Dios.

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